



Todo
fenómeno tiene un proyecto de transformación: el universo, la materia,
la célula y la conciencia. (Extraído de Fragmentos del Libro Rojo, Van
Doren, 1971).
Van
Doren sostiene que el proyecto de transformación del Universo es el
surgimiento de la conciencia, que sigue un proceso en la dirección del
tiempo; que todo fenómeno en el Universo evoluciona en estructura; y
existen tres sistemas en el Universo: mecanismo, biológico y de azar.
(Van Doren, Fragmentos del Libro Rojo, 1971).
Proceso del Universo: El Universo es un corto chispazo entre el "antes" y el "después”. Antes del Universo ya existía el tiempo, siempre limitado y distinto. Jamás existió el tiempo eterno, por eso es que el tiempo que ha pasado ha de volverse a repetir. Todo en el universo es tiempo y se expresa diferenciadamente, complementariamente o sintéticamente. Todo fenómeno es función del tiempo y
cada fenómeno a su vez, posee propios tiempos, su transformación más
lenta o veloz, según sea el sistema al que pertenece. Así el tiempo de
la conciencia humana no es igual al de un mecanismo de relojería, y aún
en la conciencia, el pasado, el presente y el futuro son distintos,
aunque dentro de un mismo sistema. Un sistema cualquiera no es sino una síntesis temporal
dentro de la cual establece diferenciaciones, complementaciones, y
pequeñas síntesis que son precisamente, las que permiten su movilidad
interna. Estos tres momentos comprender los tres momentos de todo
proceso, y este movimiento del tiempo genera la transformación interna
de los sistemas[1]. Esta transformación no es independiente de la dirección y transformación del Universo.
Estructura de todo fenómeno: En el universo, ningún fenómeno posee movilidad aislada, sino estructural y dinámica. Todo fenómeno está en contacto con todo el Universo, porque el mismo Universo es función del tiempo, que es el sistema mayor. Hay que entender toda variación en relación, en estructura.
Del mismo modo, la interpretación de la conciencia humana o de
cualquier fenómeno histórico no podrá hacerse sino mediante comprensión
de estructura.
La
triada intencional (sistema menor, medio y mayor) de todo fenómeno en
el universo puede ser vista por medio de los tres sistemas que existen
en el universo, es decir, por los sistemas biológico, mecánico y de
azar.
El sistema biológico,
posee leyes de movimiento y de desarrollo. Este se expresa como
nacimiento, crecimiento y declinación, registrándose en el proceso una
curva típica. Su desarrollo está condicionado por las modificaciones
del medio, por lo que su libertad de movimiento es limitada. En un organismo,
se puede prever su desarrollo, conociendo su sistema, sea vegetal o
animal, y lógicamente el medio que lo rodea. Por ejemplo, en el
organismo, la variación del contorno provoca adaptaciones a toda su
estructura, a veces en forma de tropismos. No se ignora igualmente, la
función de mimesis o imitación del ámbito[2]
en plantas y animales. Como ejemplo de tropismos recordemos el
movimiento de las polillas hacia la luz y, como mimesis el plumaje y
pelaje de aves y mamíferos al adaptarse en su color al medio.
En el mecanismo se puede prever los movimientos que ha de sufrir, conociendo el sistema de fuerzas del medio a que está sometido.
El sistema de azar posee movimiento libre, escapando a la rigidez del mecanismo, y al desarrollo orgánico. En cambio en el sistema de azar el movimiento del tiempo, siempre libre y distinto, al expresarse como energía
empieza a articularse como sistema, como cambio aprisionado que pugna
por volver a la libertad a través de encadenamientos sucesivos en la
energía, la materia, el mineral, el vegetal y el animal, expandiéndose
siempre a través de sus transformaciones hasta la conciencia como
movimiento de libertad. Así como el agua luego de su evaporación y
transformación en nieve, desciende de las montañas, sorteando y
superando obstáculos, hasta alcanzar el mar y reiniciar otro ciclo.
La
conciencia humana, no obstante las determinaciones a que está
sometida, escapa a las leyes mecánicas y biológicas en cuanto al orden
en que se manifiestan sus tiempos[3]. Es decir, la conciencia está sometida a condiciones de todo tipo en el mundo. Lo no sometido es el tiempo mental,
de tal manera que para pensar, el hombre tenga que pasar del recuerdo
al tiempo presente, y de ahí al futuro. Como ocurre en el mundo físico.
En realidad, los tres tiempos actúan en todo instante de la conciencia,
y esos tiempos se combinan entre sí como recuerdo del pasado, como
acontecimiento proyectado a futuro, etc., sin un orden necesario, del
modo en que es necesario, forzoso al mecanismo someterle a un sistema
de fuerzas o al organismo pasar por las etapas del desarrollo.
Además,
Van Doren sostiene que el universo, desde su origen, tiene una
dirección, tiene un sentido. Los universos se aglutinan y transforman
para dar lugar al surgimiento de la vida y de la conciencia. También,
todo fenómeno en el universo tiene un sentido, tiende hacia el futuro,
tiende hacia su transformación. La finalidad de la materia es el
organismo, la finalidad del organismo es la conciencia, la finalidad de
la conciencia es la supraconciencia. Así, la materia y los mecanismos
en su desarrollo tienden hacia el organismo, los organismos en su
desarrollo tienden hacia la conciencia, la conciencia en su desarrollo
tiende hacia la supraconciencia, tiende a despertar del dolor y el
sufrimiento. O en otras palabras, todo fenómeno tiene un proyecto de
transformación, el proyecto de transformación de la materia y de los
mecanismos es el organismo, el proyecto de transformación de los
sistemas biológicos es la conciencia, el proyecto de transformación de
la conciencia es la superación del dolor y el sufrimiento. El proyecto
de transformación del universo es el surgimiento de la conciencia
cósmica.
[3] Mario Rodríguez Cobos, Sicología IV, Conferencia dada en Parque La Reja, Buenos Aires, Argentina, a mediados de Mayo de 2006. Sobre la libertad de la Conciencia
en el Mundo: “A diferencia de lo que ocurre en el transcurrir del mundo
físico, los hechos de conciencia no respetan la sucesión cronológica
sino que regresan, perduran, se actualizan, se modifican y se
futurizan, alterando al instante presente. El “instante presente” se
estructura por el entrecruzamiento de la retención y de la protención.
Ejemplificando: un acontecimiento doloroso imaginado a futuro, puede
actuar sobre el presente del sujeto desviando la tendencia que llevaba
su cuerpo en dirección a un objeto previamente querido. Así, las
axiomas que se cumplen en la espaciotemporalidad del
mundo físico sufren un desvío considerable en los objetos y los actos
mentales. Esta independencia del psiquismo, por “desviación” de las
axiomas físicas, hace recordar la idea de “clinamen” que presentara
Epicuro para introducir la libertad en un mundo dominado por el
mecanicismo”.
Si quieres contactarnos, comunícate a lidereshumanistas@gmail.com.

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Foto de thomas hirsch un humanizador de la noviolencia.
La falta de manifestaciones sociales a través de nuevas formas de
noviolencia activa nos lleva a preguntarnos por nuevas acciones que puedan producir avances importantes en las manifestaciones sociales, haciéndolas más eficaces y generando un efecto demostración social para cambiar la violenta sociedad actual. Nos preguntamos entonces: ¿cuáles son las nuevas respuestas no violentas para la transformación social?
Nuestro objeto de estudio son las manifestaciones sociales como herramienta no violenta de transformación social hacia el Mundo Humanista.
Ubicación espacial:
- Ámbito mayor: conflictos sociales, producidos por la violencia impuesta por el sistema global.
- Ámbito medio: manifestaciones sociales de todo tipo
- Ámbito menor: características de las manifestaciones noviolentas.
Descripción del proceso y momento de estudio.
- Proceso de una manifestación noviolenta:
- Conflicto detonante, reconocido por las personas y organización básica.
- Masificación del movimiento, extensión a toda persona que sufre la violencia.
- Avance hacia la transformación social o disolución (disgregación, o solución puntual) de la movilización.
- Declinación y caída de la movilización.
- Momento
de proceso elegido para el estudio: masificación de la manifestación
social. Etapa en que este crece y genera mayor adhesión a la
transformación de la sociedad, a la superación del dolor en lo social y
a la superación del sufrimiento en lo personal.
Descripción de las relaciones dinámicas:
Nuestro objeto: movilización noviolenta en su etapa de masificación.
Elementos cercanos a nuestro interes y a quienes aceptamos:
- Nuevos
métodos de acción no violenta transformadores de la sociedad y de uno mismo que proponen: El Mensaje de Silo, La Comunidad para el Desarrollo Humano, El Centro de Estudios Humanistas, El Centro de las Culturas, la Campaña de «Desarme Total Hoy», Thomas Hirsch y el Partido Humanista.
Citamos aquí un párrafo de Cartas a Mis Amigos de Silo: "La acción de los humanistas... parte de las necesidades de la vida que consisten en alejar el dolor y aproximar el placer. Pero la vida humana agrega a las necesidades su previsión a futuro basándose en la experiencia pasada y en la intención de mejorar la situación actual".
- Todas las propuestas que aun no son conocidas socialmente y que se proponen la noviolencia sobre otras personas y la noviolencia en nosotros mismos, que proponen la acción válida que abre el futuro en ellos y en otros. Entre ellos está los Proyectos de Apoyo Humano de Fernando García, el proyecto de arte humanista "pupla" de Florcita Motuda (ver pupla en www.florcitamotuda.tk), la música de Industria Naranja (que su letra es de crítica y transformación de la situación actual o construcción del Mundo Humanista), las obras de teatro dirigido por Paula Hunt (donde participa el público en el argumento de transformación, similar a las ceremonias de iniciación religiosa de las sacerdotisas de Eleusis, por allá en los inicios del teatro griego), la Red de Economía Humanista de Jerome Smith (donde la ganancia del intercambio económico se experimenta con el dar y ayudar a otros), la humanidanza o danza humanizadora de Paula Gonzales (donde el bailarín se transforma con la danza y la conexión con el propios cuerpo y con los otros). Y así siguiendo, no incluimos más porque no tenemos espacio.
Elementos que se alejan de nuestro punto de interés y que rechazamos:
- Los modos de acción no violenta que no se dirigen a modificar el sistema social, las expresiones de inacción, de apatía, de sumisión, que ejercen violencia sobre ellos mismos y en quienes les rodean.
- Las manifestaciones explícitamente violentas, que ejercen violencia hacia otras personas, sin darse cuenta que al mismo tiempo ejercen violencia sobre ellos mismos. Ya que toda acción violenta ejercida sobre otros es registrada como violencia contra uno mismo también, aunque se quiera
justificar que la alteración interna es consecuencia del esfuerzo físico, o que la violencia está bien porque la justifica algún libro. Ya sabemos que el deporte coherente se experimenta como unidad interior y que permite elevar el rendimiento físico usando la energía que se extrae del plano trascendental, conocido por algunos como segundo aire o conexión con la fuerza. Ya sabemos que toda justificación de la violencia, por sagrado o socialmente aceptado que sea el libro, es falsa.
Descripción de la composición dinámica:
Elementos internos:
- Organización y planificación.
- Comunicación interna y externa
- Acciones de desobediencia civil
- Creatividad
- Convicción en la necesidad del cambio y certeza en su posibilidad
- Registro de lucidez y unidad interna.
Elementos externos:
- Imposición violencia del sistema social y respuestas inhumanas.
- Valores humanistas de eliminación de la violencia y la discriminación.
- Opinión pública y adherente que apoyan las movilizaciones.
Síntesis:
La manifestación social noviolenta, que pueda transformar y humanizar el mundo, es más eficaz que cualquier otra forma de acción externa en respuesta a un conflicto social. Esta manifestación es creativa y entusiasta, cuenta con una disposición de coherencia interna, una forma de relacionarse con otros tratándolos del modo que quiero que me traten, quienes se suman a la acción noviolenta y también con los violentos que aún no entienden la lucha noviolenta. Por ultimo, es una forma de transformar al mundo y a uno mismo.
Conclusión:
La creación de nuevas respuestas no violentas debe tener en consideración lo siguiente:
- Que frente a todo conflicto surgirán respuestas mecánicas e inmediatas, respuestas cargadas de violencia a las cuales no hay que seguir. En cambio, la solución noviolenta es una respuesta de otro nivel de conciencia que busca transformarse y transformar. El principio inspirador de la acción es «Cuando tratamos a los demás como queremos que nos traten, nos liberamos de la violencia».
- La propuesta noviolenta es un proyecto que va más allá de cada individuo, de cada organización, de cada sociedad y del futuro inmediato. Es un proyecto que va más allá del aquí y ahora individual, va hacia la sociedad humana y hacia la Nueva Civilización Planetaria.
- Que son elementos esenciales de toda acción no violenta:
- La organización y planificación de la superación del dolor y el sufrimiento.
- La comunicación interna y externa de las propuestas noviolentas.
- Las acciones de desobediencia civil que dan unidad interna.
- La creatividad.
- La convicción en la necesidad del cambio y la certeza de esta posibilidad
- Registro de lucidez y de unidad interna antes y después de realizar la acción.
- Por ultimo, deberá saber responder de forma anticipada a:
1. Imposición violencia del sistema social y respuestas inhumanas.
2. Valores humanistas de eliminación de la violencia y la discriminación.
3. Opinión pública, adherentes que apoyan y se suman a las movilizaciones.
Si quieres sumarte a la acción noviolenta o recibir información
contactanos al lidereshumanistas@gmail.com, o a www.florcitamotuda.tk
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Evolución del Universo y Surgimiento de la Conciencia. 
En la investigación del cosmos han surgido dos postulados interesantes que son expresión del mismo principio, el primero es que «existe un proyecto o una dirección o una teleología o una finalidad en la historia del universo, es decir, toda la evolución cósmica está orientada, desde sus orígenes, a la aparición de la vida y de la conciencia». El segundo, surge de los modelos de la física de inicios del siglo XX, el modelo de la relatividad de Einstein y la mecánica cuántica, postula la «unión indisoluble entre el cosmos y la conciencia que lo observa en la formulación de las leyes físicas». (Pietro Chistolini y Salvatore Puledda, Anuario 1996 del Centro Mundial de Estudios Humanistas, Principio Antrópico).
En los años 30 el físico Paul Dirac (1902 - 1984) descubrió que existía una singular relación matemática, una "extraña coincidencia", entre magnitudes físicas muy diferentes entre sí. Él notó que «la raíz cuadrada del número estimado de partículas presentes en el universo observable es igual a la relación entre fuerza electromagnética y fuerza gravitacional entre dos protones». Esta relación es sorprendente porque se da entre dos cantidades muy diferentes entre sí: mientras la relación entre las fuerzas electromagnética y gravitacional es una constante universal que no cambia en el tiempo, el número de partículas en el universo observable varía en función de la evolución del universo mismo, en función del momento en que realiza la observación. La conclusión de Dirac fue que la relación entre estas dos fuerzas no era constante, sino que cambiaba de acuerdo a los tiempos cosmológicos y que, por lo tanto, había que revisar algunas de las leyes fundamentales de la física.
A finales de los años 50, el físico Robert H. Dicke demostró que las conclusiones a las que había llegado Dirac non eran correctas (R. H. Dicke, Nature 192, pág. 440 (1961); Rev. Mod. Phys. 29, págs. 355 y 363 (1977)). La sorprendente coincidencia descubierta por Dirac no era verdadera en absoluto, sino que «se verifica solamente en una fase precisa de la evolución de las estrellas y de la historia del universo, una fase que corresponde a una específica abundancia de algunos elementos atómicos -sobre todo carbono- que son los constituyentes básicos de los organismos vivientes». Dirac, como cualquier otro físico, no podía sino constatar esta aparente coincidencia ya que está asociada a procesos evolutivos que han llevado a la aparición de formas vivientes basadas en la química del carbono.
De este modo Dicke hizo la primera enunciación del Principio Antrópico (definición dada 1986 por J. D. Barrow y F. J. Tipler (J. D. Barrow y F. J. Tipler, The anthropic cosmological principle (Oxford University Press, N.Y. 1986), pág. 16.)): «Los valores observados de todas las magnitudes físicas y cosmológicas no son igualmente probables. Por el contrario, tales magnitudes asumen valores específicos para satisfacer el requisito de que existan lugares donde se pueda desarrollar la vida basada en el carbono y el requisito de que el universo sea lo suficientemente viejo como para que esto ya haya sucedido».
Esa presentación del principio antrópico no es un principio cognoscitivo sino simplemente un principio metodológico que nos puede ser útil para evitar errores de interpretación y de generalización en nuestras observaciones, y para definir claramente el alcance y el contexto de las observaciones. Nos está diciendo que ninguna teoría cosmológica podrá ignorar el proceso que ha cumplido el universo para llegar hasta nosotros. Nosotros somos parte de este proceso y nuestro modo de ver las cosas está condicionado por todo lo que ha ocurrido en tiempos cosmológicos. Nosotros observamos al universo desde una ventana temporal bien delimitada en la historia del universo mismo, y esa ventana no podía existir antes de que se dieran las condiciones para nuestra existencia.
Digámoslo de otro modo, utilizando otro punto de vista: para investigar el mundo físico y el cosmos el hombre ha potenciado su capacidad perceptual explorando, por ejemplo, otras longitudes de onda además de las correspondientes a la luz visible: el infrarrojo y el ultravioleta, hasta incluir a todas las ondas electromagnéticas, desde los rayos X a las ondas radio; ha lanzado telescopios en órbita más allá de los límites de la atmósfera. O sea, ha tratado de obtener respuestas que no dependiesen de su percepción limitada. Pero en esta tentativa de eliminar toda influencia del observador, el hombre ha llegado a un límite, que el Principio Antrópico señala y que reside en el hecho de que su propia vida se basa en la química del carbono. El carbono, así como el oxígeno y el fósforo, también fundamentales para la vida, son átomos relativamente pesados cuya formación ha requerido procesos que se han desarrollado a escala cosmológica.
Según las teorías actualmente aceptadas, hace unos 17.000 millones de años, el universo comienza con el Big-Bang, la explosión primordial -una singularidad, una fluctuación quántica del espacio-tiempo, como la llaman- que se produjo cuando toda la materia estaba concentrada en un punto. La temperatura y la densidad eran altísimas. Inicialmente se formaron sólo átomos de hidrógeno y helio. Los efectos de la explosión, según esta teoría, son visibles aún hoy y el universo continúa expandiéndose. En tanto, mientras la temperatura disminuía y la materia se densificaba, se formaron nubes de gas bajo la acción creciente de la fuerza de gravedad hasta alcanzar densidades de una magnitud tal capaz de producir la fusión de los núcleos atómicos. Se formaron así las primeras estrellas en un sorprendente equilibrio entre la fuerza de gravedad implosiva y la energía nuclear explosiva liberada por la fusión. Además de energía, la fusión determinó la constitución de todos los demás núcleos atómicos, entre los cuales, los núcleos de carbono. El ciclo de estas estrellas de primera generación terminó cuando se consumió todo el combustible nuclear y la fuerza de gravedad se impuso, haciéndolas colapsar y provocando su explosión final. Los átomos que se habían producido en el crisol estelar se diseminaron y comenzó un nuevo ciclo, con otras estrellas, entre ellas nuestro Sol, y alrededor de las estrellas, planetas, entre ellos nuestra Tierra.
El origen y la evolución del universo según la teoría estándar del Big-Bang que hemos apenas esbozado se pueden describir más rigurosamente recurriendo a las ecuaciones fundamentales de la física. Aún hoy se está intentando formular teorías quánticas de la fuerza gravitacional; una de sus principales aplicaciones podría ser explicar los primeros instantes del Big-Bang.
Por lo que hoy sabemos, los fenómenos naturales están gobernados por cuatro interacciones (fuerzas) fundamentales: I) la fuerza de gravedad como se la entiende en las ecuaciones de la Teoría general de la relatividad de Einstein, II) la fuerza electromagnética que describe, por ejemplo, todas las reacciones y los enlaces químicos, III) la fuerza nuclear fuerte, responsable de las fuerzas de corto alcance que legan a los componentes de los núcleos atómicos, y IV) la fuerza nuclear débil, de origen subatómico, responsable, por ejemplo, del decaimiento del neutrón libre. La últimas tres interacciones siguen las leyes de la mecánica quántica.
La cuatro fuerzas fundamentales que mencionamos dependen de algunas constantes universales, más precisamente: la velocidad de la luz, la constante de gravitación universal, la constante de Planck, la constante de Hubble, la carga del electrón, la masa del electrón, etc. El valor numérico de todas estas constantes ha sido determinado empíricamente, es el resultado de mediciones experimentales, es decir, no deriva de leyes formales, de leyes universales, como el número p -la relación entre la circunferencia y el diámetro de un círculo- que es una cantidad abstracta definida en términos puramente matemáticos.
No existe hasta hoy una teoría exhaustiva de la cual se puedan derivar los valores de las constantes fundamentales. Pero el Principio Antrópico da indicaciones que vinculan a los valores que tales constantes universales pueden asumir, en el sentido de que éstos deben ser compatibles con nuestra existencia, con la vida basada en el carbono.
A este punto podemos preguntarnos ¿qué pasaría?, o ¿qué habría pasado, si las constantes fundamentales tuvieran valores diferentes a los que conocemos?. Podemos prever qué tipo de universo tendríamos si a esas constantes se les atribuyeran valores mínimamente distintos de los valores medidos. El resultado de estos cálculos muestra que la evolución del universo se alteraría completamente y, en práctica, no se darían las condiciones que han dado origen a la vida en la Tierra. Una menor densidad de materia, por ejemplo, no habría permitido la formación de las estrellas; viceversa, una densidad mayor habría generado agujeros negros y no estrellas. Y suponiendo que las estrellas se formaran, una diversa intensidad de las fuerzas gravitacionales o nucleares habría trastocado catastróficamente hasta impedirlo ese delicado equilibrio entre gravedad y fuerza nuclear que permite que la estrella dure el tiempo necesario para producir la sustancia de la cual estamos hechos o para dar energía a un planeta como la Tierra para que en él se desarrolle la vida.
Limitándonos al ámbito cosmológico, la lista de propiedades antrópicas sin las cuales la vida no podría existir es impresionante (Cfr. J. D. Barrow y F. J. Tipler, op. cit.). Veamos algunos ejemplos.
Consideremos los protones, los electrones y los neutrones. Si improvisamente la masa total del protón y del electrón aumentara un poco con respecto a la masa del neutrón, el efecto sería devastador: el átomo de hidrógeno se volvería inestable, todos los átomos de hidrógeno se disgregarían inmediatamente en forma de neutrones y neutrinos; sin carburante nuclear, el sol colapsaría; todas las demás estrellas seguirían la misma suerte.
Otro ejemplo. Los átomos de oxígeno y carbono existen en proporción similar en la materia viviente y, a escala más amplia, en todo el universo. Es posible imaginar la vida en un universo con un discreto desequilibrio entre oxígeno y carbono, pero un desequilibrio muy grande impediría su existencia. Rocas y suelos con un fuerte exceso de oxígeno quemarían cualquier sustancia química hecha de carbono con la que entrasen en contacto.
En 1974 B. Carter sostenía que detrás de esta serie notable de coincidencias antrópicas debía existir algún principio (B. Carter, en Confrontation of cosmological theories with observation, ed. M.S. Longair (Reidel, Dordrecht, 1974), pág. 291.) e introdujo el Principio Antrópico en términos más fuertes que, según Barrow y Tipler, se define así (J. D. Barrow y F. J. Tipler, op. cit., pág 21): «En algún estadio de su historia, el universo debe poseer aquellas propiedades que permiten que la vida se desarrolle».
Mientras el Principio Antrópico da una regla de selección para nuestras observaciones (nuestro modo de percibir el universo depende también del hecho de que nuestra vida está basada en el carbono y que éste se tiene que haber formado en el universo), el Principio Antrópico afirma además que las leyes fundamentales y el universo mismo deben ser como son para que surja la vida. Entre todos los universos posibles vivimos precisamente en el que nos permite existir. De no ser así, no podríamos estar contando el cuento. No se trata de una tautología, sino del testimonio de un evento que, a nivel teórico es extremamente improbable: se estima (R. Penrose, The emperor's new mind (Oxford University Press, 1989)) que la probabilidad de que el universo tenga la configuración que hoy presenta, considerando sólo las posibles condiciones iniciales en el momento del Big-Bang, es una en un número tan grande que si asociáramos un cero a cada protón, a cada electrón y a toda otra partícula existente en el universo entero, éstas no bastarían para escribirlo.
Frente a una cifra tal, otorgamos a este hecho un significado no casual sino direccional, y el Principio Antrópico es la expresión de un proyecto, de una teleología, es decir, una finalidad en la historia del universo: toda la evolución cósmica está orientada, desde sus albores, a la aparición de la vida y la conciencia.
Esta línea interpretativa no es la única. Extendiendo los principios de la mecánica quántica a nivel cosmológico, J. A. Wheeler formuló una versión del Principio Antrópico llamada "participatoria" según la cual «el universo mismo no existe independientemente del observador» (J. A. Wheeler, en Fundamental problems in the special science, ed. R.E. Buts y J. Hintikka (Reidel, Dordrecht, 1974), pág. 3; en The nature of scientific discovery, ed. O. Gingerich (Smithsonian Press, Washington, 1975), págs. 261-296 y 575-587.). En otras palabras: «sin observador no existen leyes físicas». Esta afirmación deriva evidentemente de la interpretación de la mecánica quántica según la escuela de Copenhagen. Wheeler estaba absolutamente convencido de que cualquier teoría física futura no podría no incluir el rol activo del observador. Para usar sus palabras, «el físico no es simplemente un observador, sino un "participante" que en su exploración del universo da existencia a lo que observa».
De todas formas, no podemos ignorar que también el caso sigue reglas bien precisas, como demuestra el debate acerca de la mecánica quántica. Y entonces, uno se pregunta por qué el caso cumple con ciertas leyes y no con otras. Si se recurre al caso para evitar las implicaciones del Principio Antrópico no se hace otra cosa que transferir los mismos interrogantes al campo del cálculo de probabilidades, sin resolver nada en definitiva.
Vale la pena, para aclarar este punto, hacer una breve digresión sobre el concepto de probabilidad, que -como hemos visto- es tan importante en la mecánica quántica, pero que está presente en todos los sectores de la ciencia, desde los sistemas complejos a las teorías de la evolución de las especies biológicas.
Las interpretaciones corrientes del concepto de probabilidad demuestran que no tiene sentido hablar de probabilidad objetiva, que la probabilidad no es simplemente una abstracción matemática o algo que se pueda reducir a la observación o al dato empírico. Hoy se está afirmando una concepción de la probabilidad a la luz del Principio Antrópico que se puede ejemplificar con las palabras del matemático B. De Finetti (B. De Finetti, La filosofia della probabilità (Il saggiatore, Milán, 1995), pág. 64.): «No tiene sentido hablar de la probabilidad de un evento sino sólo en relación al conjunto de conocimientos de los que dispone una persona». Si quisiéramos definir una probabilidad objetiva deberíamos decir que es "0" si el evento no se produjo y "1" si el evento tuvo lugar. Pero dado que no podemos saber si el evento se verificará, no nos queda más que "estimar" tal probabilidad en base a nuestros conocimientos, nuestras expectativas, nuestro patrimonio cultural, histórico, social y biológico.
¿Qué nos reserva el futuro? ¿Cuál será la evolución del universo según las teorías cosmológicas? ¿Qué podemos esperar de tales teorías?
En tanto, el Principio Antrópico -en todas sus variantes- sugiere que toda teoría física futura no podrá no tener en cuenta al rol del observador en modo explícito. Como hemos dicho más de una vez aquí, la centralidad del observador, es decir, de la conciencia humana, parece ser una constante que está surgiendo en varios campos de las ciencias físicas.
Hay universos que se aglutinan y se mueven según una dirección no mecánica sino intencional; es decir, que el universo en su desarrollo tiene un sentido. El universo se transforma en una dirección irreversible, desde su origen, hacia el surgimiento de la vida y de la conciencia.En elfuturo irá hacia pasos más complejos de evolución de la conciencia y de la vida.
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